Tipos de acompañamiento musical

Pascola


Inicio

Tipos de acompañamiento musical desarrollado de la danza

Entre los mayos, es la única danza que tiene dos tipos de acompañamiento musical. El primero se compone de un conjunto de dos violines y un arpa, renombrados instrumento de procedencia europea y enseñados por los misioneros jesuitas a los indígenas.

            El segundo de los acompañamientos esta diseñado por una flauta de dos piezas o de ensamble con tres orificios y un tambor de doble parche, tocados por un solo músico. Los parches del membranófono son por lo regular de cuero de chivo mas es bien conocido entre los tampoleros (denominación de músico en lengua yoreme) que si es de vientre de asno, su sonido y consistencia será mucho mejor. Es indudable que el tambor es de procedencia prehispánica. La flauta, en cambio, encierra dos dudas. La primera, si es propia de las culturas precolombinas (incluido el septentrión mexicano). Y la segunda, si, de existir, era tocada de manera simultanea, como ahora, con el tambor.

            La doctora en musicología Leticia Varela, en su estudio de la música de los yaquis (que  acompañan sus danzas con los mismos que los mayos), al referirse al uso simultaneo de la flauta y el tambor, nos dice que fue “costumbre adquirida seguramente de los españoles, pues tampoco existen crónicas que señalen esta practica en América como tradición aborigen, mientras, como se sabe, era muy socorrida en Europa”. También agrega que “no se han encontrado en América rastros de flautas precolombinas de dos piezas”. Lo mas lógico de suponer es que la flauta yaqui sea un modelo evolucionado siguiendo el europeo, o un sustituto de el aerófano original, si lo hubo”; sin embargo es una generalidad escuchar entre lo músicos yoremes decir que su bacacusia (flauta)  y su tambora (tambor) son los instrumento mas viejos que tienen y que de ahí de originaron muchas de las melodías que interpretan los músicas de violines y de arpa, por lo tanto a los sones de flauta y tambor se a dado en llamar los “pascola antigua”, pero falta todavía comprobar si ello es cierto, ya que no se encuentran antecedentes fiables que los prueben a no ser por las tradiciones orales de los propios músicos indígenas.

            Los instrumentos son de manufactura propia sin incluir los violines que son comprados en el mercado citadito y condicionados al gusto del ejecutante. En la elaboración del arpa siguen el mismo modelo del siglo xv pero con decoraciones o “saques” en la madera a ingenio del propio fabricante. El arpero, para tocar el instrumento, mete el cabezal en su axila derecha para sujetarlo y el rasgueo de sus aproximadamente veintinueve cuerdas tiene como fin armonizar la melodía ejecutada por el violín central, llamado mayor, mientras que el otro violinista actúa como segundo durante la pieza en una muestra de habilidad y destreza para seguir los cambios de nota que el mayor va ejecutando.

            Al ser instrumentos importados por los españoles, los naturales no tenían palabra en su lengua para referirse a ellos ni al músico que los ejecutaba y hubieron de adaptar sus nombres del español al yoreme, laabelero; el arpa, alpa y alpalero a su ejecutor.

            El número de danzantes es muy variado en cada una de las fiestas, pero nunca menos de dos.

             Debe aclararse que la pascola es la única danza que no se realiza por manda sino por oficio que llega a reconocerse a trabes de diversas presentaciones; en sus grupos se observan edades muy diferentes que van desde niños pequeños a adultos mayores en condiciones muy diversas, donde se denotan aprendices y diestros. La danza se desarrolla por relevos, entrando a bailar de uno en uno. El son abre con el pascola mayor si es que se encuentra en ese momento cercano a los músicos, si no, puede hacerlo cualquiera de sus “hermanos”.

            Para el conjunto compuesto por violines y arpa, el danzante pascola principia su ejecución colocando el cuerpo frente a los músicos y, flexionando las piernas, da varios golpes con un pie o sobre los dos (a manera de saltos cortos) para tomar el ritmo del son y se adentra de inmediato a sus pasos. En el desarrollo dan cístico el pascola maneja constantemente pisadas complejas donde interviene sus talones para realzar el sonido de los tenabáriis y estructura combinaciones que van de acuerdo a la experiencia que se tiene. Lleva la mascara en la nuca, en el perfil o sobre el hombro; la pregunta es porqué: la variedad de colocaciones es de acuerdo al gusto o comodidad, restándole importancia de cuando o como opten ponerse la mascara cuando no se utiliza. Si en un tiempo tuvo el concepto de dualidad, no se recuerda. Lo que sí es que la mascara es el accesorio que alude al nombre de la danza, “el viejo de la fiesta”, por llevar crin de color blanco y aunque algunos los ponen de tonalidades distintas los indígenas mas tradicionales afirman que  el primero es el original.

            Sus movimientos coreográficos son simples. Bailan frente a los músicos y varían la posición  del cuerpo haciendo recorridos circulares y lineales con los pasos que se presten para ellos, pero sin alejarse demasiado del conjunto musical. Cuando el intérprete en turno se agota, cede su lugar a otro danzante para que continúe el son y así sucesivamente hasta que entra el último de sus compañeros, que despajes de hacer su parte corta la danza colocando un pie por delante, visible para los músicos, señal que les indica el final del son. Los violinistas y el arpero hacen su fin melódico, entonces todos los pascolas se acercan a ellos haciendo caídas fuertes sobre sus dos pies, culminándolas con pisadas que reiteran la culminación en grupo.

            En cuanto concluyen los violinistas sigue el turno del tampoleero, que llama a los danzantes percutiendo el tambor. Los pascolas se  le aproximan y el músico aúna de inmediato el sonido introductorio del aerófano.

            Ya iniciado propiamente el son, el pascola se coloca la mascara y da principio a la interpretación dan cística.

            La danza en su versión de flauta y tambor representa la conversión del hombre a animal coman, mas bien se trata de seres míticos sin identidad definida, de presencia misteriosa e intensa, de esos que el yoreme ubica en sus montes sin saber exactamente de que se trata, de condición mas bien sobrenatural. Esta danza es el recuerdo tangible de la danza primitiva.

            Los danzantes pascola catalogan el ritmo de sus sones en “corridos” y “cruzados” (tiempo 6/8 y 2/4, según Flores Gastélum), y los escuchamos en sus dos formas de acompañamiento musical, pero cuando se presentan los segundos interpretados por la flauta y el tambor, su ejecución a la par con la sonaja se advierte mas complicado para el danzante y esta notoriedad es visible aún en pascolas con mucho tiempo en el oficio.

            Para los sones del tampoleero es necesario un dominio total del sistro, de no ser así el resto de los movimientos se vuelven torpes y de poca precisión.

            La pascola antigua se baila también por relevos, solo que aquí cada danzante hace o señala el final de su participación para de bailar levantando la sonaja frente al músico, en actitud amenazante, como si fuera a golpearlo; entonces el tampoleero se cerciora, observando a los danzantes, que no hayan quedado ninguno de hacer su parte, y si así fuera, no detiene por completo la música, si no que repite la introducción en espera a que el siguiente pascola se encuentre preparado para bailar. Terminando el último danzante el grupo, indica el final definitivo y todos los pascolas se acercan para reiterarlo.